Detrás de cada gran personaje histórico, hubo a menudo una mascota menos famosa pero igualmente memorable. Los nombres que reyes, científicos, escritores y artistas eligieron para sus animales de compañía revelan facetas íntimas de personalidades que la historia oficial suele pasar por alto.
Los gatos de Ernest Hemingway
Hemingway fue un apasionado de los gatos, especialmente los polidáctilos (con dedos extra). En su casa de Key West, Florida, mantuvo una colonia de gatos cuyos descendientes siguen viviendo allí hoy, más de sesenta años después de su muerte. Hemingway ponía a sus gatos nombres de celebridades y personalidades: Princesa, Boise, Cristóbal Colón, Archibald MacLeish y F. Scott Fitzgerald. La costumbre de poner nombres de personas famosas a gatos se ha popularizado enormemente desde entonces.
El perro de Einstein
Albert Einstein tuvo un terrier llamado Chico. Cuenta la leyenda que cuando Einstein estaba frustrado con un problema de física particularmente difícil, se giraba hacia Chico y le decía: No te preocupes, Chico, yo tampoco lo entiendo. La anécdota, sea verídica o apócrifa, humaniza al genio del siglo XX y demuestra que hasta las mentes más brillantes necesitan un compañero peludo con quien compartir sus dudas.
Los corgis de la Reina Isabel II
Isabel II de Inglaterra fue probablemente la dueña de mascotas más famosa del siglo XX. A lo largo de su vida tuvo más de treinta corgis galeses de Pembroke, todos ellos con nombres meticulosamente elegidos. Susan fue su primera corgi, regalo de cumpleaños número dieciocho. De Susan descendieron prácticamente todos los corgis reales posteriores. Otros nombres incluyeron Monty, Willow, Holly, Vulcan y Candy. Los nombres de los corgis reales siempre fueron breves, elegantes y muy británicos: jamás un nombre cómico ni extravagante.
El gato de Isaac Newton
A Newton se le atribuye la invención de la gatera (puerta para gatos en la puerta principal). Según la leyenda, Newton tenía un gato llamado Spithead que le interrumpía constantemente sus experimentos de óptica rascando la puerta cerrada del laboratorio. Para resolver el problema sin tener que levantarse cada vez, cortó un agujero en la puerta e inventó la gatera más famosa de la historia.
Los perros de exploradores y conquistadores
Los perros han acompañado a los grandes exploradores de la historia. Meriwether Lewis, del famoso dúo Lewis y Clark que exploró el oeste americano, tenía un perro de Terranova llamado Seaman que completó la expedición entera de ida y vuelta. Lord Byron, el poeta romántico, tenía un terranova llamado Boatswain que murió de rabia. Byron le dedicó un poema y un monumento funerario más grande que el suyo propio.
Las mascotas de la Casa Blanca
Los presidentes estadounidenses han tenido algunas de las mascotas más peculiares de la historia. Theodore Roosevelt tuvo un zoo personal que incluía un poni llamado Algonquin, una hiena llamada Bill, un tejón llamado Josiah y una serpiente llamada Emily Spinach. Calvin Coolidge tuvo un mapache llamado Rebecca y un hipopótamo pigmeo llamado Billy. Y Barack Obama tuvo dos perros de aguas portugueses llamados Bo y Sunny, que se convirtieron en celebridades nacionales con su propia cuenta oficial de redes sociales.
La humanización histórica a través de las mascotas
Estos nombres y estas historias son valiosos porque humanizan a las figuras históricas. Einstein hablando con su terrier, Hemingway rodeado de gatos polidáctilos, la Reina Isabel paseando corgis en los jardines de Windsor. Las mascotas revelan la vulnerabilidad, la ternura y la cotidianidad de personas que la historia tiende a presentar como monumentos inalcanzables. Elegir el nombre de la mascota de un personaje histórico admirado es una forma íntima de conectar con su lado más humano.
Las mascotas de los artistas
Los artistas plásticos también han tenido mascotas cuyos nombres revelan su sensibilidad creativa. Pablo Picasso tuvo un perro salchicha llamado Lump (trapo en alemán) que se convirtió en modelo y musa, apareciendo en varias de sus pinturas. Salvador Dalí paseaba por las calles de Nueva York con un ocelote llamado Babou, generando escenas surrealistas que parecían extensiones de sus cuadros. Frida Kahlo tuvo monos araña, un venado llamado Granizo, y perros xoloitzcuintles (la raza azteca sin pelo), que aparecen en múltiples autorretratos.
Los gatos de los escritores
Los escritores han sido históricamente devotos de los gatos. Mark Twain tuvo gatos con nombres como Apollinaris, Blatherskite y Zoroaster. Charles Dickens tuvo un gato llamado The Master's Cat que apagaba las velas con la pata para que Dickens dejara de escribir y le prestara atención. T.S. Eliot escribió El Libro de los Gatos Habilidosos del Viejo Possum, que luego se convirtió en el musical Cats, una obra que es literalmente un catálogo de nombres de gatos con sus personalidades.
La lección de las mascotas históricas
Estas historias enseñan que la relación entre humanos y mascotas trasciende épocas, culturas y clases sociales. El Einstein que hablaba con su terrier era tan humano como el Einstein que desarrolló la relatividad. La reina que paseaba corgis era tan mortal como cualquier pensionista de la esquina. Las mascotas, con sus nombres sencillos y sus vidas breves, nos recuerdan que debajo de los títulos, los logros y las leyendas, todos somos simplemente personas que necesitan el amor incondicional de un animal que nos mira como si fuéramos lo mejor del mundo.
Las mascotas de los líderes
Los líderes mundiales han utilizado sus mascotas como herramientas de diplomacia y proyección de imagen. Vladimir Putin ha sido fotografiado con su labrador Koni, usando al perro para intimidar a Angela Merkel (que tiene fobia canina conocida) en una reunión bilateral. Barack Obama eligió un Portuguese Water Dog llamado Bo en parte porque la raza es hipoalergénica y su hija mayor tiene alergias. Incluso la elección de la raza y el nombre de la mascota presidencial es una decisión política que pasa por asesores de comunicación.
El registro histórico de nombres de mascotas
Los historiadores sociales están empezando a estudiar los nombres de mascotas como fuente histórica primaria. Los registros veterinarios de los años cincuenta muestran una España donde los perros se llamaban Sultán, Bobby y Sultana. Los registros de los ochenta muestran la irrupción de Lucky, Rex y Lassie por influencia televisiva. Los del 2000 revelan el auge de Max, Luna y Toby. Y los actuales documentan la era de Loki, Mochi y Coco. Los nombres de mascota son un espejo fiel de las influencias culturales dominantes de cada época.
